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Cuándo la grasa propia corrige una ojera hundida, cuándo no es el tratamiento adecuado y en qué se diferencia del ácido hialurónico.
El lipofilling de ojeras consiste en transferir una pequeña cantidad de grasa del propio paciente al surco lagrimal y a la transición entre el párpado inferior y la mejilla, para devolver el volumen que se ha perdido. No rellena la piel ni cambia su color: reconstruye el soporte que hay debajo.
Con los años, la grasa y los tejidos blandos que acolchan el reborde de la órbita se reducen y descienden. El borde óseo se marca, aparece un escalón entre el párpado y el pómulo, y ese escalón proyecta una sombra. Eso es lo que la mayoría de pacientes describe como «ojera»: no una mancha, sino un hundimiento que se ve oscuro por la sombra que genera.
Cuando la causa es esa, reponer el volumen con tejido propio suaviza el escalón, reduce la sombra y devuelve una transición continua entre párpado y mejilla. La mirada deja de parecer cansada sin que el ojo se vea «operado».
Detrás de la palabra «ojera» hay causas muy distintas, y con frecuencia se combinan varias en el mismo paciente. De cuál predomine depende que la grasa ayude, que haga falta otro tratamiento o que lo mejor sea combinar ambos.
Surco lagrimal marcado, escalón entre párpado y pómulo, aspecto de cansancio que no mejora al descansar. Es la indicación principal del lipofilling: la grasa restaura el volumen perdido y suaviza la transición.
El abultamiento lo produce la grasa de la órbita que protruye bajo el párpado. Rellenar alrededor no lo resuelve por sí solo: suele requerir una blefaroplastia inferior, que en casos seleccionados se combina con lipofilling para suavizar el surco.
Un tono marrón u oscuro por depósito de pigmento en la piel. No es un problema de volumen y la grasa no corrige la pigmentación. Se aborda con tratamientos dermatológicos de la piel.
La piel del párpado inferior es de las más finas del cuerpo y puede dejar ver el tono violáceo de los vasos. El volumen no cambia el color por sí mismo, aunque la mejora de la calidad de la piel que se observa tras un injerto graso puede atenuarlo en algunos pacientes.
El relleno de ojeras con ácido hialurónico es hoy el tratamiento más conocido, y en muchos pacientes es una buena opción. Pero no es la única, y el surco lagrimal es una zona con particularidades: la piel es muy fina y el tejido tiende a retener líquido. Ninguna de las dos técnicas es superior en todos los casos.
1. Valoración. Se explora el párpado inferior, el surco, el pómulo y la calidad de la piel para confirmar que hay un componente de volumen y descartar, o planificar a la vez, una bolsa de grasa o un exceso de piel.
2. Obtención de la grasa. Se extrae una pequeña cantidad, habitualmente del abdomen o de los muslos, mediante una liposucción suave con cánula fina. No es una liposucción estética: la cantidad que necesita la zona periocular es muy reducida.
3. Procesado. La grasa se purifica por decantación, sin centrifugar, siguiendo el protocolo de Coleman. Para el párpado, donde la piel es muy fina, se emplea un injerto de procesado más fino que en el pómulo, para que no se palpe ni se transparente. El tipo de injerto se adapta a cada zona.
4. Infiltración. Con microcánula y a través de puntos de entrada milimétricos, sin incisiones, se depositan pequeñas cantidades en planos profundos, en varias capas. Es un trabajo de precisión: en esta zona, un exceso se nota más que un defecto.
Se realiza con anestesia local y sedación suave, de forma ambulatoria: el paciente se va a casa el mismo día.
Inflamación y, a veces, hematomas durante la primera semana, más visibles en el párpado. La mayoría de pacientes retoma su vida social en torno a 7 días, o de 1 a 2 semanas si se combina con blefaroplastia.
Lo que se ve al principio es en parte inflamación. El resultado representativo se aprecia entre los 3 y los 6 meses, cuando el injerto se ha integrado. Lo explicamos en cuándo se ve y cuánto dura el resultado.
La columna de la derecha no significa que no haya solución: significa que la grasa no es, por sí sola, la respuesta. Una bolsa se trata con blefaroplastia inferior, que en la cirugía periocular actual se combina a menudo con lipofilling en el mismo acto: se retira o reposiciona lo que sobra y se repone volumen donde falta. Puede leer más sobre esa combinación en qué es el lipofilling facial.
El tratamiento lo realiza el Dr. Antonio Jiménez Ortiz, oftalmólogo especialista en cirugía oculoplástica. En la zona de los párpados, conocer la anatomía de la órbita no es un detalle: es lo que permite trabajar cerca del ojo con seguridad.
No. Solo tiene sentido cuando existe un componente real de pérdida de volumen: un surco lagrimal hundido o un escalón entre párpado y pómulo. Las ojeras por pigmentación, por piel fina o por una bolsa de grasa herniada necesitan otros tratamientos, o una combinación de ellos.
Ninguno de los dos es superior en todos los casos. El ácido hialurónico es inmediato y reversible, pero temporal, y en la piel fina del párpado puede transparentarse o retener líquido. El lipofilling usa tejido propio y es potencialmente más duradero, a cambio de un pequeño procedimiento y una semana de recuperación. La elección depende de la anatomía y del objetivo.
La grasa que se integra se comporta como tejido propio y puede ser duradera, aunque sigue evolucionando con la edad y con los cambios de peso, como el resto de la grasa del cuerpo. Una parte del injerto se reabsorbe durante los primeros meses; por eso el resultado se valora entre los 3 y los 6 meses.
Es ambulatorio, con anestesia local y sedación suave. La primera semana puede haber inflamación y hematomas, sobre todo en el párpado; la mayoría de pacientes retoma su vida social en unos 7 días. Si se combina con blefaroplastia, la recuperación suele ser de 1 a 2 semanas.
No hay incisiones. La grasa se extrae y se infiltra con cánulas finas a través de puntos de entrada milimétricos, que en pocas semanas son prácticamente imperceptibles.
Se valora en consulta. Depende de cuánto relleno quede y de cómo se haya comportado. En algunos casos conviene disolverlo antes para trabajar sobre la anatomía real; en otros no es necesario.
Sí. Cuando hay a la vez una bolsa de grasa y un surco hundido, es habitual tratar ambos en el mismo acto: la blefaroplastia retira o reposiciona la bolsa y el lipofilling repone el volumen del surco. El plan concreto se decide tras explorar cada caso.
Sí, en algunos pacientes, sobre todo si la reabsorción ha sido mayor de lo previsto. En la zona de los párpados se prefiere ser prudente con la cantidad y completar si hace falta, antes que corregir un exceso.
En la primera consulta, que es gratuita, el Dr. Jiménez Ortiz determina qué tipo de ojera tiene y qué tratamiento le conviene, sea o no el lipofilling.
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